Colores que brotan del bosque
Los tintes naturales en los Alpes nacen de cáscaras de nuez, corteza de alerce, hojas de abedul, brezos, resedas y, cuando la tradición lo permite, rubia cultivada. La potencia del color depende de recolección responsable, agua limpia y mordientes cuidadosos como alumbre o hierro moderado. Los tonos reflejan estaciones: amarillos nítidos, marrones ahumados, verdes tímidos construidos en capas. Cada baño enseña paciencia, registro de proporciones y alegría ante variaciones vivas imposibles en paletas sintéticas previsibles.